1) Diferentes posibles definiciones de Literatura:
a) la
literatura como obra de ‘imaginación’, en el sentido de ficción, de escribir
sobre algo que no es literalmente real”
b) la
literatura como un discurso ‘no pragmático’, que carece de un fin práctico
inmediato y que debe referirse a una situación de carácter general. Algunas
veces –no siempre- puede emplear un lenguaje singular como si se propusiera
dejar fuera de duda ése hecho, como si deseara señalar que lo que entra en
juego es una forma de hablar. Este enfoque está dirigido a la manera de hablar
y no a la realidad de aquello sobre lo que se habla; a veces, se interpreta
como si con ello se quisiera indicar que entendemos por literatura cierto tipo
de lenguaje autorreferente, un lenguaje que habla de sí mismo.
c) la
literatura como las diferentes obras en que la gente se relaciona con lo
escrito (entonces, la literatura deja de considerarse como una cualidad o un
conjunto de de cualidades inherentes que quedan de manifiesto en cierto
tipo de obras)
d) la gente
denomina “literatura” a los escritos que le parecen buenos., frente
a la mala escritura.
2) La
literatura como “obra de la imaginación” frente a los formalistas:
Al respecto de
considerar la literatura “como obra de ‘imaginación’, en el sentido de
ficción, de escribir sobre algo que no es literalmente real” Eagleton sostiene
que basta con pensar un poco en esta definición para ver que no es concluyente
ya que, al distinguir entre “hecho” y “ficción” para saber qué es, y que no,
Literatura, no logra su objetivo, es decir, su definición. Por ejemplo:
Shakespeare es considerado bajo el rubro de literatura inglesa del siglo xvii,
al igual que los ensayos de Bacon, los sermones de John Donne y otras obras que
tocan diversos temas y de diversas áreas.
Es decir, frente
a las dificultades de definir la literatura en base a hechos “reales”,
“históricos” o de “ficción”. O en base a escritos “creadores” o de
“imaginación” Eagleton propone, para cambiar el enfoque de definición, al
formalista ruso Roman Jackobson, que fija su atención en el empleo
característico de la lengua. Entonces, desde esta perspectiva formalista, la
literatura consiste en “una forma de escribir en la cual, se violenta
organizadamente el lenguaje ordinario”. La literatura trasforma e intensifica
el lenguaje ordinario; se aleja sistemáticamente de la forma en que se habla en
la vida diaria. Ante esto, Eagleton sostiene que el considerar la literatura
como lo hacen los formalistas equivale realmente a pensar que toda literatura
es poesía.
3) Problemas que
plantea la definición de la literatura según el uso espacial de la lengua
- los formalistas:
Los formalistas
fueron un grupo militante y críticos, surgidos los años anteriores a la
revolución bolchevique de 1917. Éstos rechazaron las doctrinas simbolistas que
anteriormente habían influido en la crítica literaria y se enfocaron en la
realidad material del texto literario. Es decir, esencialmente aplicaron la
lingüística al estudio de la literatura sin detenerse en el “contenido” literario
(donde se podía sucumbir a lo psicológico o a lo sociológico y donde, además,
el “contenido” sólo era una “motivación” de la forma, una ocasión u oportunidad
conveniente para un tipo particular de ejercicio formal). Según ellos, la
crítica debía separar arte y misterio y ocuparse de la forma en que los textos
literarios realmente funcionan; ya que la literatura era una organización
especial del lenguaje. Tenía leyes propias específicas, estructuras y recursos,
que debían estudiarse en sí mismos en vez de ser reducidos a algo diferente. La
obra literaria no era vehículo ideológico, ni reflejo de la realidad social ni
encarnación de alguna verdad trascendental; era un hecho material cuyo
funcionamiento puede analizarse “como se examina el de una máquina”. Para los
formalistas, la obra literaria estaba hecha de palabras, no de objetos o de
sentimientos, y era un error considerarla como expresión del criterio de un
autor. Por ejemplo, “Rebelión en la granja” de Orvewll, no era, según los
formalistas, una alegoría del estalinismo, sino que, por el contrario, el
estalinismo simple y llanamente proporcionó una oportunidad útil para tejer una
alegoría.
Entonces,
los formalistas, que no se habían propuesto definir la “literatura” sino
definir “lo literario” vieron el lenguaje literario como un conjunto de
desviaciones de la norma, donde la obra literaria era un conjunto más o menos
arbitrario de “recursos”, a los que luego estimaron como elementos relacionados
entre sí o como “funciones” dentro de un sistema textual total. Entre los
“recursos” quedaban incluidos: sonido, imágenes, ritmo, sintaxis, metro, rima,
técnicas narrativas, es decir, todos los elementos literarios formales.
Ante esto, Eagleton sostiene que el considerar la literatura como lo hacen los
formalistas equivale realmente a pensar que toda literatura es poesía.
Otra de las características criticadas por Eagleton a los formalistas es el hecho de que no pasa de ser una ilusión el creer que existe un solo lenguaje “normal”; ya que cualquier lenguaje real y verdadero consiste en gamas muy complejas del discurso, las cuales se diferencian según la clase social, la región, el sexo, la categoría y así sucesivamente; es decir, hay factores que por ningún concepto pueden unificarse cómodamente en una sola comunidad lingüística homogénea.
4)
Efecto desfamiliarizante en la literatura:
El efecto
desfamiliarizante o “enajenante” era lo común en todos los “recursos” que se
utilizaban en la obra literaria. Es lo específico del lenguaje literario, lo
que distinguía de otras formas de discurso, ya que “deforma” el lenguaje
ordinario en diversas formas. Éste, ak ser sometido a la presión de los
recursos literarios, el lenguaje literario se intensificaba, condensaba,
retorcía, comprimía, extendida, invertía, donde el lenguaje “se volvía
extraño”. Pero, Eagleton sostiene que el hecho de que el lenguaje empleado en
una obra parezca “alienante” o “enajenante” no garantiza que en todo tiempo y
lugar haya poseído esas características. Resulta enajenante sólo frente a cierto
fondo lingüístico normativo, pero si éste se modifica, quizás el lenguaje ya no
se considere literario.
Además, el discurso literario aliena o enajena el
lenguaje ordinario, pero al hacerlo, proporciona una posesión más completa, más
íntima de la experiencia. El relato, el argumento, como dirían los formalistas,
emplea recursos que “entorpecen” o “retardan” a fin de retener nuestra
atención. En el lenguaje literario, estos recursos quedan “al desnudo”.
5)
Críticas a la concepción de literatura como “lo bueno” o lo “bien
escrito”
|
(lo “práctico” y lo “no práctico”)
Eagleton nos dice que en buena parte de lo que se clasifica como literatura el
valor-verdad y la pertinencia práctica de lo que se dice “se considera
importante” para el efecto total. Pero aún si el tratamiento “no
pragmático” del discurso es parte de lo que quiere decirse con el término
“literatura”, se deduce de esta definición que no se puede definir la
misma objetivamente, dejándose la definición a la forma en que alguien decide
“leer” , o no, la naturaleza de lo escrito.
Además, hay
ciertos tipos de textos –poemas, obras dramáticas, novelas, etc- que obviamente
no se concibieron con “fines pragmáticos”, pero ello no garantiza que en
realidad vayan a leerse adoptando ése punto de vista.
Por otro lado,
muchas de las obras que se estudian como literatura en las instituciones
académicas fueron “construidas” para ser leídas como literatura, pero también
es verdad que con muchas otras no fue así. Un escrito puede comenzar a vivir
como historia o filosofía y, posteriormente, ser clasificado como literatura (o
al revés).
Entonces, la
literatura pasa a ser considerada como las diferentes obras en que la gente se
relaciona con lo escrito (alejándose de ser una cualidad o un conjunto de de
cualidades inherentes que quedan de manifiesto en cierto tipo de obras).
Ya que lo que importa no es de dónde vino, sino cómo trata la gente a un
escrito. No hay nada que constituya la “esencia” misma de la literatura.
Cualquier texto puede leerse sin “afán pragmático”, suponiendo que en esto
consista el leer algo como literatura; asimismo, cualquier texto puede ser
leído “poéticamente”. Hay que ver el papel que desempeña un texto en un
contexto social, lo que lo relaciona con su entorno y lo que lo diferencia de
él, su comportamiento, a los fines que se le puede destinar y a las actividades
humanas que lo rodean. Pero, distinguir tajantemente entre lo “práctico” y lo
“no práctico” sólo resulta posible en una sociedad como la nuestra, donde la
literatura en buena parte ha dejado de tener una función práctica.
Aquí es donde
aparece, frente a la distinción de qué es y que no, literatura, que la gente
denomina “literatura” a los escritos que le parecen “buenos”. Aunque el autor
sostiene que los juicios de valor tienen mucho que ver con lo que se juzga como
literatura y con lo que se juzga que no lo es, dependiendo de la categoría de
lo “bien escrito”, de lo que se considera “bien escrito”, aún –dice Eagleton- cuando
se trate de un ejemplo inferior de una forma generalmente apreciada.

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