jueves, 29 de junio de 2017

Resumen: “¿Qué es la literatura?” según Terry Eagleton
1) Diferentes posibles definiciones de Literatura:
     a) la literatura como obra de ‘imaginación’, en el sentido de ficción, de escribir sobre algo que no es literalmente real”
     b) la literatura como un discurso ‘no pragmático’, que carece de un fin práctico inmediato y que debe referirse a una situación de carácter general. Algunas veces –no siempre- puede emplear un lenguaje singular como si se propusiera dejar fuera de duda ése hecho, como si deseara señalar que lo que entra en juego es una forma de hablar. Este enfoque está dirigido a la manera de hablar y no a la realidad de aquello sobre lo que se habla; a veces, se interpreta como si con ello se quisiera indicar que entendemos por literatura cierto tipo de lenguaje autorreferente, un lenguaje que habla de sí mismo.
     c) la literatura como las diferentes obras en que la gente se relaciona con lo escrito (entonces, la literatura deja de considerarse como una cualidad o un conjunto de de cualidades inherentes  que quedan de manifiesto en cierto tipo de obras) 
    d) la gente denomina “literatura” a los escritos que le parecen buenos., frente a la mala escritura.

 2) La literatura como “obra de la imaginación” frente a los formalistas:
Al respecto de considerar la literatura “como obra de ‘imaginación’, en el sentido de ficción, de escribir sobre algo que no es literalmente real” Eagleton sostiene que basta con pensar un poco en esta definición para ver que no es concluyente ya que, al distinguir entre “hecho” y “ficción” para saber qué es, y que no, Literatura, no logra su objetivo, es decir, su definición. Por ejemplo: Shakespeare es considerado bajo el rubro de literatura inglesa del siglo xvii, al igual que los ensayos de Bacon, los sermones de John Donne y otras obras que tocan diversos temas y de diversas áreas. 
Es decir, frente a las dificultades de definir la literatura en base a hechos “reales”, “históricos” o de “ficción”. O en base a escritos “creadores” o de “imaginación” Eagleton propone, para cambiar el enfoque de definición, al formalista ruso Roman Jackobson, que fija su atención en el empleo característico de la lengua. Entonces, desde esta perspectiva formalista, la literatura consiste en “una forma de escribir en la cual, se violenta organizadamente el lenguaje ordinario”. La literatura trasforma e intensifica el lenguaje ordinario; se aleja sistemáticamente de la forma en que se habla en la vida diaria. Ante esto, Eagleton sostiene que el considerar la literatura como lo hacen los formalistas equivale realmente a pensar que toda literatura es poesía.


3) Problemas que plantea la definición de la literatura según el uso espacial de la lengua  - los formalistas:
Los formalistas fueron un grupo militante y críticos, surgidos los años anteriores a la revolución bolchevique de 1917. Éstos rechazaron las doctrinas simbolistas que anteriormente habían influido en la crítica literaria y se enfocaron en la realidad material del texto literario. Es decir, esencialmente aplicaron la lingüística al estudio de la literatura sin detenerse en el “contenido” literario (donde se podía sucumbir a lo psicológico o a lo sociológico y donde, además, el “contenido” sólo era una “motivación” de la forma, una ocasión u oportunidad conveniente para un tipo particular de ejercicio formal). Según ellos, la crítica debía separar arte y misterio y ocuparse de la forma en que los textos literarios realmente funcionan; ya que la literatura era una organización especial del lenguaje. Tenía leyes propias específicas, estructuras y recursos, que debían estudiarse en sí mismos en vez de ser reducidos a algo diferente. La obra literaria no era vehículo ideológico, ni reflejo de la realidad social ni encarnación de alguna verdad trascendental; era un hecho material cuyo funcionamiento puede analizarse “como se examina el de una máquina”. Para los formalistas, la obra literaria estaba hecha de palabras, no de objetos o de sentimientos, y era un error considerarla como expresión del criterio de un autor. Por ejemplo, “Rebelión en la granja” de Orvewll, no era, según los formalistas, una alegoría del estalinismo, sino que, por el contrario, el estalinismo simple y llanamente proporcionó una oportunidad útil para tejer una alegoría. 
 Entonces, los formalistas, que no se habían propuesto definir la “literatura” sino definir “lo literario” vieron el lenguaje literario como un conjunto de desviaciones de la norma, donde la obra literaria era un conjunto más o menos arbitrario de “recursos”, a los que luego estimaron como elementos relacionados entre sí o como “funciones” dentro de un sistema textual total. Entre los “recursos” quedaban incluidos: sonido, imágenes, ritmo, sintaxis, metro, rima, técnicas narrativas, es decir, todos los elementos literarios formales.  Ante esto, Eagleton sostiene que el considerar la literatura como lo hacen los formalistas equivale realmente a pensar que toda literatura es poesía.

Otra de las características criticadas por Eagleton a los formalistas es el hecho de que no pasa de ser una ilusión el creer que existe un solo lenguaje “normal”; ya que cualquier lenguaje real y verdadero consiste en gamas muy complejas del discurso, las cuales se diferencian según la clase social, la región, el sexo, la categoría y así sucesivamente; es decir, hay factores que por ningún concepto pueden unificarse cómodamente en una sola comunidad lingüística homogénea.

4) Efecto desfamiliarizante en la literatura:
El efecto desfamiliarizante o “enajenante” era lo común en todos los “recursos” que se utilizaban en la obra literaria. Es lo específico del lenguaje literario, lo que distinguía de otras formas de discurso, ya que “deforma” el lenguaje ordinario en diversas formas. Éste, ak ser sometido  a la presión de los recursos literarios, el lenguaje literario se intensificaba, condensaba, retorcía, comprimía, extendida, invertía, donde el lenguaje “se volvía extraño”. Pero, Eagleton sostiene que el hecho de que el lenguaje empleado en una obra parezca “alienante” o “enajenante” no garantiza que en todo tiempo y lugar haya poseído esas características. Resulta enajenante sólo frente a cierto fondo lingüístico normativo, pero si éste se modifica, quizás el lenguaje ya no se considere literario.
Además, el discurso literario aliena o enajena el lenguaje ordinario, pero al hacerlo, proporciona una posesión más completa, más íntima de la experiencia. El relato, el argumento, como dirían los formalistas, emplea recursos que “entorpecen” o “retardan” a fin de retener nuestra atención. En el lenguaje literario, estos recursos quedan “al desnudo”.

5) Críticas a la concepción de literatura como “lo bueno” o lo “bien escrito” 

(lo “práctico” y lo “no práctico”)
       Eagleton nos dice que en buena parte de lo que se clasifica como literatura el valor-verdad y la pertinencia práctica de lo que se dice “se considera importante”  para el efecto total. Pero aún si el tratamiento “no pragmático”  del discurso es parte de lo que quiere decirse con el término “literatura”, se deduce de esta definición  que no se puede definir la misma objetivamente, dejándose la definición a la forma en que alguien decide “leer” , o no, la naturaleza de lo escrito.  
Además, hay ciertos tipos de textos –poemas, obras dramáticas, novelas, etc- que obviamente no se concibieron con “fines pragmáticos”, pero ello no garantiza que en realidad vayan a leerse adoptando ése punto de vista. 
Por otro lado, muchas de las obras que se estudian como literatura en las instituciones académicas fueron “construidas” para ser leídas como literatura, pero también es verdad que con muchas otras no fue así. Un escrito puede comenzar a vivir como historia o filosofía y, posteriormente, ser clasificado como literatura (o al revés). 
Entonces, la literatura pasa a ser considerada como las diferentes obras en que la gente se relaciona con lo escrito (alejándose de ser una cualidad o un conjunto de de cualidades inherentes  que quedan de manifiesto en cierto tipo de obras). Ya que lo que importa no es de dónde vino, sino cómo trata la gente a un escrito. No hay nada que constituya la “esencia” misma de la literatura. Cualquier texto puede leerse sin “afán pragmático”, suponiendo que en esto consista el leer algo como literatura; asimismo, cualquier texto puede ser leído “poéticamente”.  Hay que ver el papel que desempeña un texto en un contexto social, lo que lo relaciona con su entorno y lo que lo diferencia de él, su comportamiento, a los fines que se le puede destinar y a las actividades humanas que lo rodean. Pero, distinguir tajantemente entre lo “práctico” y lo “no práctico” sólo resulta posible en una sociedad como la nuestra, donde la literatura en buena parte ha dejado de tener una función práctica.
Aquí es donde aparece, frente a la distinción de qué es y que no, literatura, que la gente denomina “literatura” a los escritos que le parecen “buenos”. Aunque el autor sostiene que los juicios de valor tienen mucho que ver con lo que se juzga como literatura y con lo que se juzga que no lo es, dependiendo de la categoría de lo “bien escrito”, de lo que se considera “bien escrito”, aún –dice Eagleton- cuando se trate de un ejemplo inferior de una forma generalmente apreciada. 


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